En el Madrid más castizo

Asentado en una taberna típicamente madrileña, La copita Asturiana conserva su fachada original, lo que le ha valido estar catalogada como Elemento Protegido por el Ayuntamiento de Madrid. En su interior, un centenario mostrador de estaño recibe a sus clientes y amigos para transportarlos a un mundo de sabores tradicionales construidos con los mejores productos: fabada, fabes con almejas, callos con garbanzos, pescados frescos y carnes seleccionadas que acompañamos de una cuidada selección de vinos.


Un poco de nuestra historia

Mari y Pepe procedentes de Asturias, ambos de una pequeña aldea del concejo de Valdés, abrieron La Copita Asturiana el 20 de mayo de 1959. Este local, despacho de vinos ya desde 1904, era ya frecuentado por Pepe como cliente, por eso él siempre dice que hace más de 60 años que lo conoce.

Ambos empezaron aquí su primer proyecto en común, su nuevo medio de vida tras casarse en Asturias y aquí siguen al frente del negocio. María dando tanto vida a los fogones como atendiendo al público y Pepe tras su barra de estaño.

Un poco de historia:

En sus inicios, La Copita Asturiana era este un lugar donde los vecinos del barrio se reunían a jugar sus partidas de dominó en sus mesas de mármol, tomar unos “chatos de vino” y unas raciones (patatas de la fayona, lacón, manitas, callos, caldo gallego, escabeches…..etc. Algunos de estos platos todavía persisten en nuestra carta.

Poco a poco y al igual que la vida y las costumbres cambian, los clientes ya no quieren jugar la partida sino venir sino venir a comer y disfrutar de la buena comida y Mari empieza a preparar nuevos platos: fabes con almejas, fabada….

Los clientes van aumentando y empiezan a venir de otras zonas. Era la época en la que el Mercado del Pescado estaba en la Puerta de Toledo y con ello empezaron a venir camioneros, que siempre han tenido fama de gustarles comer bien. Con el paso del tiempo y los cambios en la ciudad, ya les resulta más complicado acercarse, aunque algunos cuando vienen, ahora   ya de visita a Madrid, siguen acordándose de nosotros.

Para entonces el “boca a boca” de los clientes fue atrayendo un público muy variopinto y diferente al que siempre hemos intentado tratar lo mejor posible. Hoy tenemos de todo el mundo de México, Estados Unidos, Australia, Francia, Portugal… Clientes que siempre que visitan Madrid nos llaman incluso antes de viajar para reservar su mesa.

Mari y Pepe que vinieron aquí con 16 y 27 años respectivamente cuando empezaron, les decían que a ver si tenían suerte, pues parece ser que los últimos dueños del local no habían sido muy afortunados. Visto a posteriori parece que si han tenido suerte:

- La suerte de tener unos clientes fieles que han transmitido “boca a boca” el nombre del lugar porque a pesar de no tener lujos parecen salir satisfechos de la comida y del trato y han sabido perdonar los fallos que hayamos tenido.

-              Clientes que se han transformado en amigos y que han transmitido a sus hijos y nietos el gusto por esta comida y que siguen acompañándonos

- La suerte también de tener buenos empleados acompañándoles y aprendiendo

Pero también a la suerte se ha unido el esfuerzo, la lucha continua y las largas y duras jornadas de trabajo que los dos han dedicado a este negocio. No solo es un negocio, es su vida y esperamos que siga siéndolo mucho más tiempo.